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Sindícame, por cortesía del subliminal Atom.

21 marzo 2006

Este fin de semana celebraba Javo el haber aprobado las opos. Así que ahí nos fuimos Aitziber y yo a pasar el fin de semana... Ya sé que los castelloneros pensarán que qué delito, irme el primer finde de las fiestas de Magdalena, pero era lo que tocaba: no se aprueban oposiciones todos los dias (y que me lo digan a mí vamos).

Gran oportunidad para ver un montón de viejos amigos, para que a uno le dé el aire de la ciudad y aprovechar para hacer esas cosillas que son difíciles hacer por aquí. A resaltar, la obra de teatro que fuimos a ver: Hoy: el diario de Adán y Eva de Mark Twain, que resultó ser de lo más ingeniosa y entretenida.

He de reconocer que me pregunté, al volver, cómo había podido yo estar enamorado de Madrid, con lo infernal que es. Puede que sea cuestión del grado del salto a la hora de mudarse: al llegar a Madrid, un febrero de 2005, venía de Múnich, otra gran ciudad. Ahora iba desde un pueblecillo y lo de que no pasen 10 minutos entre sirena y sirena me llama muchísimo la atención. Quizá sea un tema para otro post: ¿volvería a la capital de nuevo?

Llegar el domingo a las 22.30 y que estén tus colegas listos para llevarte a casa y que dejes las cosas para luego irnos corriendo al Mesón del vino tuvo su punto :)

10 octubre 2005

Este fin de semana ni Pamplona ni Castellón, Madrid. Venía Claude por España y nos decidimos a quedar allí, antes de que luego él se fuese para Burgos, Almería o Barcelona. Y así fue.

Anécdotas... las hay. El martes ya no encontré billete para ir en tren, como tenía pensado para descansar un poco de tanto coche, así que me compré billetes de autobús. El viernes me encuentro con unas conocidas (4), amigas del alma de una famosa compañera de clase, que se iban a pasar el fin de semana de fiesta allí. Pero se habían quedado sin sitio donde dormir, porque la amiga que se iban a ver tenía que irse a nosedonde, así que se iban a la aventura. Por eso de echarles una mano, les busqué teléfonos de 5 hostales, pero no tuvieron suerte. Así que utilizando mis increíbles habilidades de meterme en la boca del lobo, acabaron las 5 chicas conmigo, pero sólo para dejar las maletas (en el momento que se enteraron de que venía Aitziber se cortaron un poco, y cuando le vieron la mirada asesina, un poco más ;).

Viernes más o menos tranquilo, Javo tenía la segunda prueba de sus oposiciones el sábado y ni llegamos a verlo. Pero hubo reencuentro con Miguelón, Laurita, Dani y Ramón. Una pena estar todos rotos. Lo que fue un no va más fue el sábado, ya con Claude entre nosotros. Vi de nuevo a Carlos, el compañero de aventuras Vulcanus de Kirai, que conocí en la primera Oktoberfest de Erasmus y nos contó alguna historieta nipona, aunque no parece haber vuelto muy contento de por ahí. Esa noche sí que nos encontramos todos y nos fuimos perdiendo a medida que el nivel de alcohol en sangre iba aumentando.

Una nota para aquellos que tengan mi número de móvil: no me llameis a las 6 de la madrugada después de una noche de marcha o correis el riesgo de que os diga que lo que deberías hacer es ir a un cine de esos que ponen películas en inglés y en español cuando me llameis para pedir el teléfono de algún teletaxi ;)

Domingo de relax, entre rastro, comida ligera y viaje de vuelta. Para repetir. El viaje también sirvió de campaña para recaudar asistentes para mi 26 cumpleaños (ahora que tengo piso y nevera), cosa que ocurrirá muy pronto...

6 junio 2005

Como ya comenté hace un tiempo, este finde pasado volvía a Madrid a examinarme de idiomas para optar a una beca para irme al otro confín del mundo mundial. Los exámenes (6 en total, entre escritos y orales) no salieron mal del todo (inglés y francés bastante bien, alemán regular). Tiene más mérito aún (bueno, ya veremos el mérito real cuando salgan las notas) el haberlos hecho con un poco (!) de resaca (yo me lavé bien los dientes unas cuantas veces, para que en los orales no se me viese mucho el plumero). Yo no quería salir. No. Pero es que hay malos amigos por ahí, que te dicen que una copa más y ya te han convencido ;)

Sé que muchos os preguntareis de qué becas hablo y a dónde me voy a ir. Sobre lo primero, cuando acabe todo el proceso haré una miniguía que le podrá venir bien a los que vengan detrás y, sobre lo segundo, ojalá lo supiera. No tengo nada claro que me vaya a ir, teniendo en cuenta que dejaría un curro envidiable, pero por imposible en esta vida (y más hablando de mí, un inestable mental) no hay nada. Para irme aquí al lado (léase Europa central y sur) mejor no irme. Aunque si me dicen que me voy a Sidney, pues me harán dudar. Saltar con los canguros y trepar árboles con los koalas tiene que ser la monda.

Y el sábado por la noche casi que fue una vuelta a Múnich. Porque ahí estábamos Ramón, Dani y yo (a falta del mamoncete de Javo, que oposita el finde que viene). Y viendo algunas fotos de Javo me he encontrado esta pequeña joya de Ramón... foto Qué tiempos aquellos...

11 noviembre 2003

Acabo de volver de Madrid, después de cuatro dias de relax, si se puede llamar así. Esta vez, eso sí, el viaje ha sido menos accidentado.

El descanso ha venido bien, aunque nada más llegar (no, no es ésto lo primero que estoy haciendo) me he puesto a recoger y ordenar mi habitación, porque estaba hecha un desastre (porque, para variar, me dormí la mañana que tenía que coger el avión).

De lo hecho en Madrid, poco puedo contar: una visita a Toledo, una visita al Museo el Prado (que tenía una exposición de Manet), los paseos de rigor por el centro y llenar bien el estómago.

Me he quedado con las ganas de comerme un buen cordero, pero qué le vamos a hacer... La próxima visita será en navidades y ahí si que no me pienso conformar. Visto así, parece que sea un glotón, pero es que la comida bien se agradece cuando uno está fuera.

14 agosto 2003

Hoy, viniendo de Madrid en coche, he tenido un accidente que bien me habría podido costar la vida: íbamos a 120km/h cuando el conductor del coche se ha despistado y nos hemos dado un par de lechazos. El primero, flojo, contra el hormigón protector que hay a la derecha de la vía. El segundo, después de volantazo, de frente contra el hormigón de la mediana. Este último ha sido realmente duro. Álvaro, el conductor, estaba peor que yo: sangraba su brazo izquierdo y el airbag le había quemado los brazos. Yo he salido del coche, o lo que quedaba de él, por mi propio pie. Ha sido a los 20 minutos, cuando comenzaba a tranquilizarme, cuando he empezado a notar los dolores de espalda.

La verdad es que yo iba durmiendo cuando ha sucedido todo, con lo que difícilmente puedo relatar el principio de la historia. Con el primer golpe me he despertado de sopetón y he visto cómo cruzábamos la carretera transversalmente para empotrarnos con el hormigón de la mediana. No, no he visto mi vida en un segundo. Simplemente trataba de averiguar qué diantres estaba pasando. Supongo que por culpa de la modorra.

La operación de rescate ha sido relativamente rápida y sencilla. Un par de coches se han parado para echarnos una mano, uno de los cuales pertenecía a un guardia civil que estaba de vacaciones y nos ha prestado una ayuda incalculable. A Álvaro incluso le han vendado el brazo mientras llegaba la ambulacia.

La grúa no ha tardado en aparecer y se ha llevado los restos del coche, que seguro que es siniestro total. La ambulancia ha tardado un poco más y nos ha recogido a los dos para llevarnos a un hospital de Valencia. Al llegar al hospital y preguntarme qué es lo que me pasaba y decir que me dolía la espalda nos han mandado a un segundo hospital: La Fe de Valencia, centro médico de referencia de la Comunidad Valenciana.

Allí nos hemos separado Álvaro y yo, puesto que lo mío correspondía a traumatología y lo suyo era una quemadura y una herida que necesitaba puntos de sutura. Nunca pensé que sería tan impresionante ir en una camilla boca arriba, totalmente tumbado y mirar el techo de un hospital. En esos momentos se tiene miedo. Mucho miedo. Allí tanto los médicos como el personal me han tratado fenomenal y con un cuidado que no me esperaba. Después de unas pruebas de movilidad me han hecho unas placas (radiografías) y resulta que no parecía que hubiese ninguna lesión más que muscular, que es lo menos grave que puede pasar. Después de eso, un traumatólogo me ha hecho alguna prueba tocando aquí y allá. Ha servido para confirmar que los dolores que ahora tengo, que son bastantes, no son nada grave y con un poco de tiempo se curarán. A Álvaro han tardado más o menos lo mismo en curarle que a mí. A la salida nos estaban esperando su novia y el padre de su novia. Yo no he podido avisar a casa hasta después de que me diesen el alta, porque ahí donde yo estaba no se podía utilizar el móvil.

Entre unas cosas y otras nos hemos plantado en mi casa a las 11 de la noche. Sanos (o casi) y salvos (a ver durante cuanto tiempo).

Ojo al conducir, porque lo que nos ha salvado ha sido la suerte de que no viniese ningún coche mientras cruzábamos sin control la carretera de lado a lado las dos veces.