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Bienvenido a mi blog, el sitio perfecto para mis inquietudes, experiencias e idas de olla sobre temas de hoy en día.

Historia al azar

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Sindica

Sindícame, por cortesía del subliminal Atom.

25 junio 2008

Últimamente estoy escuchando alguna que otra extraña historia rocambolesca (¡toma adjetivos!). De esas historias que directamente te dices «cómo se puede aguantar eso». Todavía no tengo una opinión totalmente formada (pero si espero a tenerla quizá no escriba absolutamente nada), aunque me da que tiene que ver con la espiral de destrucción.

Este término, si así se puede llamar, lo empecé a utilizar hace años referente a las relaciones de pareja (después de otro tanto tiempo de reflexión, porque lo entendí con aquella que yo tenía): aquello que sucede cuando uno se va comiendo la vida del otro y el otro la de uno, se va ciñendo poco a poco la espiral, hasta que se llega al centro. Y entonces algo estalla. Pero no pasa solo con las relaciones de pareja y, de hecho, nada tienen que ver las últimas que me han estado contando.

¿Qué es aquello que hacer ver a uno que algo no tiene importancia, que más vale mantenerse fuera o lejos de determinado asunto, que no vale la pena? Dudo que tenga que ver con el coeficiente intelectual, aunque algo pueda tener que ver. Yo lo llamaría capacidad o habilidad para relativizar, para saber si estamos entrando en una espiral de destrucción o no.

Siempre es más fácil ver la paja en el ojo del otro. Y puede que ahí tengamos alguna pista sobre cuándo uno es capaz de relativizar: cuando se es capaz de ponerse en otra situación y evaluar una situación desde otro punto de vista. Desde fuera.

Al final todos caemos alguna vez en alguna espiral de destrucción (el que escribe ha tenido tendencias autodestructivas a razón de echar un vistazo al pasado). Aprender o no de ello es la cuestión. El tema es que yo sólo estaba viendo la paja en ojo ajeno y me ha dado por pensar...

29 abril 2008

Allí me encontraba, sintiéndome extraño con todo ese torrente de sensaciones al haber vuelto a aquel sitio que tanto me marcó. Los olores, la luz que entraba por las ventanas, el chirrido del parqué, ... si es que habían pasado diez años y las literas seguían siendo las mismas. Me imagino que si consiguiera ser objetivo el recuerdo sería otro, pero soy un ser subjetivo allí donde los haya. Y aquello no era más que melancolía, ganas de volver a vivir lo vivido hace tanto tiempo.

A ella, sin embargo, el ver aquello por primera vez le arrancó una lágrima. No es que le pareciera tétrico, es que vio en un momento todo lo que de mis recuerdos había desaparecido y no tenía melancolía ninguna a la que agarrarse, ella no estuvo allí. Tanta ternura me rompió en dos.

25 febrero 2008

Llevo tiempo pensando en el sentido de este blog, que como bien dice su título, no tiene ninguno. Sin embargo, echando un vistazo atrás de vez en cuando (a veces creo que el único objetivo de ese maravilloso enlace de Historia al azar existe sólo para saber de dónde vengo), noto un cambio de percepción de lo que significa mi blog para mí.

He hablado de todo: desde lo más personal a lo más técnico. Pero últimamente parece que los temas son un poco más cerrados y se quedan entre el microblogging (citas, enlaces, ...) y lo más técnico. Y han sido precisamente los colegas los que me han hecho reflexionar sobre lo que escribo con frases tan contundentes como «no se entiende nada» (y eso que las funciones de resumen no son para tanto y que esto no es 11870.com :P). Diría que el cambio más importante ha sido que me he hecho un poco más pudoroso, que tengo un poco más de celos de mi vida más allá de lo técnico y las pequeñas sandeces. Pero no he sido el único de esa generación al que le ha pasado lo mismo, Javi lleva sin escribir algo decente más de un año.

Y hoy le estaba dando vueltas al tema de cambiar la tendencia. Y me preguntaba si tendría el coraje suficiente para hacerlo. A veces tengo recuerdos, recuerdos muy personales de hace muchos años y que me gustaría no perder. La gran duda es cómo hacer que esos trozos de memoria perduren (cómo hacerlos persistir, técnicamente hablando). ¿Escribiéndolos aquí? O no hace falta escribir nada porque si tanto han durado , ¿por qué tendrían que desaparecer ahora? En el caso de que lo mejor sea escribirlos, ¿es este blog el lugar adecuado?

Era un día normal, no llamaba la atención por nada en especial. Y, como todos los días, fui al cuarto de mis padres a despedirme antes de bajar a la parada del autobús para ir al colegio. Pero no estaban. Sé que no lo entendí, sé que me extrañó demasiado. No busqué ninguna nota, porque no tenía edad como para pensar que debería existir ninguna. Tampoco me asaltó una preocupación ni un miedo excesivo, tan solo estaba desconcertado, pero no temía por mis padres.

Al llegar al colegio se lo comenté a Montse. Y ella lo tuvo clarísimo desde el primer instante: yo había tenido una hermana. Particular facilidad tenía esa chica para sacarme los colores y esta vez tampoco iba a ser menos. Ni corta ni perezosa se fue a decírselo a la señorita, que tampoco dudó en decirlo en voz alta. Más desconcierto. Yo no entendía cómo podían estar tan seguras. Sí, mi madre llevaba tiempo embarazada, pero que no estuviera esa mañana en casa no significaba nada para mí. Simplemente, no estaba.

Como si de instinto maternal se tratase (que en cuanto a la señorita lo puedo hoy entender, pero no en cuanto a Montse que tenía los mismos años que yo), acertaron: al llegar a casa nos llevaron al hospital y ahí estaba Jara, mi nueva hermana. Recuerdos de esos momentos ya no tengo apenas. Era un 4 de febrero de 1987 y yo tenía 7 años.