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Bienvenido a mi blog, el sitio perfecto para mis inquietudes, experiencias e idas de olla sobre temas de hoy en día.

Historia al azar

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Sindica

Sindícame, por cortesía del subliminal Atom.

24 marzo 2008

Ayer me volvió a la cabeza una curiosa frase de una vieja amiga mía que en su momento me hizo cambiar de opinión. Y era tal que así:

Irte con tus amigos y tu novia a la Starkbierfest es como irte con tu novia y sus amigas de compras a Nueva York.

El hilo argumental poco tenía que ver conmigo (a falta de novia formal, claro está), pero yo defendía la postura del «qué más da» (referido a la Stark) hasta que me puso el ejemplo del «ir de compras».

20 marzo 2008

Y la cuestión es tan sencilla que insulta: ¿vale la pena dormir por menos de cinco horillas? Lo que me preocupa no es descansar más o menos, lo que me preocupa es no llegar a mi cita con el destino. Tengo una herramienta cuasi infalible para estas ocasiones, pero ni de ella me fío.

Mientras sigo dudando, sigue sonando Holden.

10 marzo 2008

Podría contaros cómo me fue el fin de semana pasado por Múnich, disfrutando de la Starkbierfest (y más cosas ;) en la reunión erasmus anual. O de cómo la vuelta al trabajo fue hardcore pero se disfrutó con sus penas y glorias para conseguir poner en producción lo que pusimos. O de cómo llegamos al clímax (al menos yo) en la fiesta de aniversario. Pero no.

Puestos a escribir algo, prefiero expresar mi admiración por el valor de Sandra Carrasco, que estando lo jodida que estaba después de que dos colgados mataran a su padre, es capaz de hacer una declaración de principios y sacar pecho. Parece mentira, pero el valor es una cualidad poco considerada entre algunos... los que no lo tienen.

25 febrero 2008

Llevo tiempo pensando en el sentido de este blog, que como bien dice su título, no tiene ninguno. Sin embargo, echando un vistazo atrás de vez en cuando (a veces creo que el único objetivo de ese maravilloso enlace de Historia al azar existe sólo para saber de dónde vengo), noto un cambio de percepción de lo que significa mi blog para mí.

He hablado de todo: desde lo más personal a lo más técnico. Pero últimamente parece que los temas son un poco más cerrados y se quedan entre el microblogging (citas, enlaces, ...) y lo más técnico. Y han sido precisamente los colegas los que me han hecho reflexionar sobre lo que escribo con frases tan contundentes como «no se entiende nada» (y eso que las funciones de resumen no son para tanto y que esto no es 11870.com :P). Diría que el cambio más importante ha sido que me he hecho un poco más pudoroso, que tengo un poco más de celos de mi vida más allá de lo técnico y las pequeñas sandeces. Pero no he sido el único de esa generación al que le ha pasado lo mismo, Javi lleva sin escribir algo decente más de un año.

Y hoy le estaba dando vueltas al tema de cambiar la tendencia. Y me preguntaba si tendría el coraje suficiente para hacerlo. A veces tengo recuerdos, recuerdos muy personales de hace muchos años y que me gustaría no perder. La gran duda es cómo hacer que esos trozos de memoria perduren (cómo hacerlos persistir, técnicamente hablando). ¿Escribiéndolos aquí? O no hace falta escribir nada porque si tanto han durado , ¿por qué tendrían que desaparecer ahora? En el caso de que lo mejor sea escribirlos, ¿es este blog el lugar adecuado?

Era un día normal, no llamaba la atención por nada en especial. Y, como todos los días, fui al cuarto de mis padres a despedirme antes de bajar a la parada del autobús para ir al colegio. Pero no estaban. Sé que no lo entendí, sé que me extrañó demasiado. No busqué ninguna nota, porque no tenía edad como para pensar que debería existir ninguna. Tampoco me asaltó una preocupación ni un miedo excesivo, tan solo estaba desconcertado, pero no temía por mis padres.

Al llegar al colegio se lo comenté a Montse. Y ella lo tuvo clarísimo desde el primer instante: yo había tenido una hermana. Particular facilidad tenía esa chica para sacarme los colores y esta vez tampoco iba a ser menos. Ni corta ni perezosa se fue a decírselo a la señorita, que tampoco dudó en decirlo en voz alta. Más desconcierto. Yo no entendía cómo podían estar tan seguras. Sí, mi madre llevaba tiempo embarazada, pero que no estuviera esa mañana en casa no significaba nada para mí. Simplemente, no estaba.

Como si de instinto maternal se tratase (que en cuanto a la señorita lo puedo hoy entender, pero no en cuanto a Montse que tenía los mismos años que yo), acertaron: al llegar a casa nos llevaron al hospital y ahí estaba Jara, mi nueva hermana. Recuerdos de esos momentos ya no tengo apenas. Era un 4 de febrero de 1987 y yo tenía 7 años.

13 febrero 2008

To iterate is human, to recurse divine.  – Anónimo

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